Titina

During the workshop Alba wrote about the experience.
Good read for all!



TitinaLevanto la vista de de la fotografía y la vida cobra color pero, al igual que los que me miran desde el pasado, aquellos que me rodean no dejan de ser extraños, aunque un poco más conocidos. Después de de 5 días de convivencia y salvadas las barreras de la desconfianza, nos hemos acercado los unos a los otros a través del trabajo en grupo, la comida, los juegos, la observación, las charlas, las confesiones, las risas y los silencios.
Miro a mi alrededor y cada participante me despierta un sentimiento distinto. A pesar del poco tiempo que he compartido con ellos, me parece poder adivinar el trasfondo de cada uno; puedo imaginar su pasado, cómo eran cuando tenían mi edad o como serán cuando la alcancen. Cada uno representa algún tópico de la idiosincrasia de su país y, a la vez, cada uno de ellos desmiente otros. La heterogeneidad del grupo, que en un principio amenazaba con destruir la convivencia, resulta ahora ser el motor de la interacción del equipo.


La pequeña rutina de nuestra corta vida altamurana nos levanta cada día en una nueva cursa amistosa para disputarse el baño. El desayuno nos reune media hora más tarde alrededor de una mesa donde se discuten los temas más variopintos, personales y posiblemente alejados del contexto que nos rodea.
Con el reconfortante sabor del capuccino aún en los labios, nos lanzamos a serprentear las calles empedradas de una ciudad que parece no haber envejecido y que conserva la belleza clásica de la que ya presumía hace 500 años. Después de volver la vista atrás un par de veces y cerciorarnos de que no hemos tomado la esquina equivocada, nos dejamos guiar por la intuición y de repente la orientación nos sobreviene de un modo tan natural que cualquiera diría que también podríamos hablar dialecto.
Nuestros pasos se detienen delante de nuestra oficina improvisada: la Biblioteca de Altamura. Deambulamos por la plaza que la flanquea y esperamos a que lleguen los descarriados mientras nos dejamos bañar por el sol blanco de la Puglia. Con la llegada del último miembro (sorprendentemente, cada día suele ser uno distinto) empieza un juego cualquiera que con sólo 5 minutos nos activa, nos acerca y nos arranca las carcajadas matutinas que marcan el empiece de una nueva jornada en comunidad.
Comienza el trabajo pero no cesan las risas. La concentración nos absorbe a medida que nos ponemos manos a la obra. La tarea es nueva para casi todos. Nuestra misión: identificar fotos huérfanas del archivo, categorizarlas, escanearlas, darles un nombre, archivarlas física y digitalmente y, para los más curiosos, imaginar la historia que se esconde detrás.
Dos hermanas con un mismo vestido, un grupo de hombres posando con actitud severa, un matrimonio solemne. ¿Cuantas de las caras que han pasado por nuestras manos se cruzarían por una de las calles por las que nosotros hemos andado?
Con frecuencia una nota al reverso de la foto delata la intención de la toma: "Al caro Antonio. Offro a colui che amo, con affetto, Titina." Me pregunto si en algún sitio, en algún álbum, en algún archivo, habrá una foto de Antonio dedicada a Titina y me pregunto también si alguna vez esas dos fotos volverán a encontrarse. Quizás este proyecto despierte la curiosidad de alguna celestina digital que los junte de nuevo, aunque sólo sea sobre el papel.

Alba Ferrer

 

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